Hace unos días
estaba en la piscina con mis hijos, de pronto, el mayor, que es bastante cauto
y menos audaz que su hermana menor, me exigió que lo coja porque no se sentía
seguro con sus flotadores de brazo.
Producto de esas
casualidades de la vida y haciendo un esfuerzo por evitar ser un padre torpe le
dije: "vamos a jugar a entrenar a mi dragón" y con esa frase (que
viene de una película, hoy convertida en una serie para niños) él se soltó y me
sonrió para demostrarme que "podía" y “quería”.
Él tiene desde
hace bastante tiempo todas las condiciones físicas para lograrlo, los
accesorios externos para hacerlo, lo que le faltaba era la decisión de
"mandarse" y liberarse. Es decir, gracias al juego, él tomó la
decisión de soltarse y a partir de ese momento "fue libre", la
piscina creció para él, los límites se extendieron y las posibilidades de
diversión se incrementaron exponencialmente. Gritó que ya podía, llamó a todos
para que vean que "estaba flotando solo", estaba orgulloso de sí
mismo.
Día tras día; y
en más de una oportunidad, pretendemos que los seres humanos hagan las cosas en
el mismo tiempo que nosotros lo hacemos o hicimos; sin embargo, cada uno tiene
su propia velocidad y esta debe ser respetada. En algunos casos podemos
intervenir, pero sin perder ese respeto y con mucho cuidado, para poder generar
las condiciones para que se "manden" y así romper las barreras que
limitan el desarrollo personal.
Y
tú, ¿estás listo para entrenar a tu dragón?

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