Por: Javier García Blásquez López
Hace unas semanas me pidieron
que haga una presentación a un grupo muy particular, no sabría si llamarlos
expertos. En mi quehacer he realizado presentaciones a distintos grupos humanos
y sé que la adrenalina previa a la
presentación de alto impacto siempre ha sido un factor fundamental para el
éxito de la misma. El placer de conjugar temor, con pasión y conocimiento hace
de cada experiencia una aventura única. No obstante, en esta oportunidad me
encontraba “desarmado”. El grupo, además, contaba con un familiar que no
necesariamente sería mi aliado. A diferencia de la mayoría de otros grupos,
este era impredecible en su actuar, podrían “enganchar” o simplemente, sin
vergüenza alguna, tirar por el piso mi presentación.
La hora se acercaba y el estrés
en lugar de irrigarme el cerebro empezó a secarme la garganta y accionar mis
mecanismos de defensa. Me estaba preparando más para la pelea que para la
disertación. El tiempo no se podía detener, estaba frente al grupo “hostil” y
empecé, por ayuda de una voz divina, diciéndoles: “Te voy a contar una historia...”.
Fue algo mágico, el control y el liderazgo del grupo llegó a mí al 100%, el
compartir de ideas y experiencias se hizo realidad. El grupo de niños de cinco
años del salón Orange de mi hijo “enganchó” plenamente con esa introducción y
participó espectacularmente de la sesión de “aprendizaje colaborativo”.
Probablemente, esa fue la sesión
más difícil que tuve que enfrentar en toda mi vida y me encantó, lo singular es
que, producto de esa agradable experiencia, repetí dicha introducción con chicos
de tercero de secundaria en el curso de matemáticas, pasando luego a jóvenes del
curso de física de 5to de secundaria, más adelante con jóvenes del 9no ciclo de
la Facultad de Negocios de una universidad y finalmente con egresados de la misma
facultad que ahora estaban en un curso de titulación.
La fórmula funcionaba y la
prueba final fue desarrollar esa misma “introducción” con mi equipo de trabajo.
Éxito total. La reacción fue exactamente la misma, atención plena y ganas de
“ser parte de esa historia que se va a contar”, no sé qué neuronas se activen,
no sé qué recuerdos se accionen; sin embargo, a mi entender, el solo hecho de
compartir la expresión “te voy a contar una historia” genera que el público más
difícil que tengas que enfrentar se concentre en la idea o conocimiento que
quieres compartir.
Y tú, ¿qué historia vas a
contar?
Javier García Blásquez López
Javier García Blásquez López

