miércoles, 28 de noviembre de 2012

“Te voy a contar una historia…”


Por: Javier García Blásquez López

Hace unas semanas me pidieron que haga una presentación a un grupo muy particular, no sabría si llamarlos expertos. En mi quehacer he realizado presentaciones a distintos grupos humanos y sé que la adrenalina previa  a la presentación de alto impacto siempre ha sido un factor fundamental para el éxito de la misma. El placer de conjugar temor, con pasión y conocimiento hace de cada experiencia una aventura única. No obstante, en esta oportunidad me encontraba “desarmado”. El grupo, además, contaba con un familiar que no necesariamente sería mi aliado. A diferencia de la mayoría de otros grupos, este era impredecible en su actuar, podrían “enganchar” o simplemente, sin vergüenza alguna, tirar por el piso mi presentación.
La hora se acercaba y el estrés en lugar de irrigarme el cerebro empezó a secarme la garganta y accionar mis mecanismos de defensa. Me estaba preparando más para la pelea que para la disertación. El tiempo no se podía detener, estaba frente al grupo “hostil” y empecé, por ayuda de una voz divina, diciéndoles: “Te voy a contar una historia...”. Fue algo mágico, el control y el liderazgo del grupo llegó a mí al 100%, el compartir de ideas y experiencias se hizo realidad. El grupo de niños de cinco años del salón Orange de mi hijo “enganchó” plenamente con esa introducción y participó espectacularmente de la sesión de “aprendizaje colaborativo”.
Probablemente, esa fue la sesión más difícil que tuve que enfrentar en toda mi vida y me encantó, lo singular es que, producto de esa agradable experiencia, repetí dicha introducción con chicos de tercero de secundaria en el curso de matemáticas, pasando luego a jóvenes del curso de física de 5to de secundaria, más adelante con jóvenes del 9no ciclo de la Facultad de Negocios de una universidad y finalmente con egresados de la misma facultad que ahora estaban en un curso de titulación.
La fórmula funcionaba y la prueba final fue desarrollar esa misma “introducción” con mi equipo de trabajo. Éxito total. La reacción fue exactamente la misma, atención plena y ganas de “ser parte de esa historia que se va a contar”, no sé qué neuronas se activen, no sé qué recuerdos se accionen; sin embargo, a mi entender, el solo hecho de compartir la expresión “te voy a contar una historia” genera que el público más difícil que tengas que enfrentar se concentre en la idea o conocimiento que quieres compartir.
Y tú, ¿qué historia vas a contar?

Javier García Blásquez López

martes, 20 de noviembre de 2012

¿El vaso está medio lleno o medio vacío?


La paradoja del vaso medio lleno o medio vacío ha sido la causa de múltiples conversaciones y discusiones. Sin embargo, mucho depende del estado de ánimo que uno tenga ante determinada situación o de los paradigmas personales para poder ver la situación con los “lentes” correctos. Hace varios años, en mayo del 2005 mi esposa y yo retornábamos a casa luego de un día muy intenso de trabajo, conversábamos sobre nuestros planes de comprar un departamento y de los múltiples esfuerzos que hacíamos para llegar al monto que nos permitiría dar el gran salto. La suerte siempre había estado de nuestro lado, nada podía ocurrirnos y súbitamente el destino nos jugó una extraña pasada. Un auto me cerró y se bajaron unos maleantes encapuchados y armados y antes de que pueda reaccionar (gracias a Dios no reaccioné) ya estábamos reducidos y conducidos sabe Dios a dónde. En ese momento, miles de cosas, todas malas, pasaron por mi mente: el temor a morir, a no poder concretar mis sueños, a que le ocurra algo a mi esposa, etc. La situación fue aterradora: nos amenazaron, robaron dinero de nuestras cuentas en los cajeros, robaron el auto y nos dejaron en medio de la nada en un lugar muy peligroso. En ese momento mi esposa y yo nos abrazamos con absoluta sinceridad y mirándonos aún con temblor por el temor, agradecimos estar vivos, físicamente ilesos y sobre todo juntos.
En esta historia real, las reacciones pudieron ser miles: renegar sobre la suerte o mala fortuna, echarnos la culpa por lo ocurrido, buscar culpables o responsables de nuestra desgracia, sin embargo nuestros “lentes” no veían eso, veían lo positivo de estar a salvo, sentían el amor y el cariño de las personas que nos rodeaban: familiares, compañeros de trabajo, amigos, etc. Si bien salir del trauma tomó mucho tiempo, así como varias visitas a especialistas, la actitud positiva hacia el futuro fue un papel fundamental en nuestro accionar. La paradoja del vaso lleno a la mitad, en este caso está ligado a los “lentes” con los que lo mires, puedes verlo de manera negativa y verlo medio vacío o puedes verlo positivamente; es decir, medio lleno. La decisión de como ver está únicamente en ti.

lunes, 12 de noviembre de 2012

¿Qué talentos tienes?

Te voy a contar una historia: hace unos años en nuestro país surgió un joven con un talento envidiable para el fútbol, Dios lo había bendecido con un don para el manejo del balón. Su futuro era muy prometedor pues ese talento innato lo diferenciaba de sus pares locales e internacionales; sin embargo, diferentes factores “tumbaron” la profecía y hoy juega en un país lejano. Si bien, gana mucho dinero, no se encuentra donde los astros del balompié se desarrollan profesionalmente. ¿Qué pasó? ¿Acaso no tenía talento? ¿Se equivocaron todos los analistas?
En el mundo escolar es muy frecuente escuchar a maestros hablar sobre alumnos: ese muchacho tiene un gran potencial (sinónimo usado para talento en ese contexto), pero no sé por qué “no despierta”, es evidente que “no le falta capacidad” solo las ganas de querer usarla. ¿Qué ocurre con estos alumnos?
Hoy en día, las universidades alineadas con el mercado laboral, están haciendo hincapié en detectar “talentos” para desarrollarlos y así generar jóvenes competitivos en las empresas y en la vida; sin embargo, a pesar de que la teoría es buena, si cada joven no interioriza que su TALENTO es un regalo (que hay que desarrollar); y que como tal, es una diferencia temporal con el grupo, pasará a ser solamente un recuerdo de lo que pudo ser.
Descubre tus talentos, analiza tus fortalezas, acepta y plantea desarrollar tus puntos de mejora (antes llamadas debilidades). El camino no será fácil y deberás invertir horas de mucho trabajo, pero la recompensa será infinita.
Éxitos
Javier García Blásquez López

SE ACABARON LOS EXÁMENES DE ADMISIÓN… por este año


Luego de un largo y complicado proceso de preparación, miles de chicos de quinto de secundaria rindieron diferentes exámenes de admisión, sin embargo solo unos cuantos lograron una vacante.

Pasaron ya los cortes de pelo, los “huevazos”, las lágrimas, las celebraciones y ahora quedan dos caminos para los que no la hicieron:


1. Odiar al mundo y “tirarse” al abandono, o
2. Analizar las causas por las que no ingresaron y volver a intentarlo.
Reflexionemos juntos: En la vida uno cae muchas veces, el truco esta en levantarse, analizar que pasó y volver a intentarlo.
Recuerda que cuando postules a un trabajo o tengas tu propia empresa, a nadie le interesará si ingresaste a la primera o a la segunda o cuánto te demoraste en ingresar. Es más, ni siquiera te preguntarán cuanto tardaste en acabar, sino evaluarán tu desempeño académico mientras duraron tus estudios (las prácticas que hiciste, la labor social que realizaste, los proyectos en que participaste).
De otro lado, hay estudios que verifican que no hay una relación directa entre el “éxito” del ingreso y el egreso de la universidad. A juicio personal podría afirmar que a veces es mejor “sufrir” un poco y que cueste el ingreso para madurar y así valorar más el cambio que se generará. Sé que cuando te toca pasar por esta dura prueba no pensarás lo mismo que yo; sin embargo, te pido que tengas paciencia y asumas con valentía el compromiso para salir adelante.
Piensa que luego de atravesar esta etapa podrás incorporarte a otra mucho más atractiva. La universidad y la vida universitaria serán una oportunidad para volver a empezar. Si en el “cole” las cosas no salieron muy bien, en este nuevo escenario, con nuevos profesores, estudiando las materias que más te motivan y trabajando en desarrollar tus talentos, verás como la historia puede cambiar. El actor (tú) en esencia será el mismo; sin embargo, tu actitud hacia la vida hará la diferencia.
A seguir trabajando para lograr tus sueños.

Javier García Blásquez López