Luego de un largo y complicado proceso de preparación, miles de chicos
de quinto de secundaria rindieron diferentes exámenes de admisión, sin embargo
solo unos cuantos lograron una vacante.
Pasaron ya los cortes de pelo, los “huevazos”, las lágrimas, las celebraciones
y ahora quedan dos caminos para los que no la hicieron:
1. Odiar al mundo y “tirarse” al abandono, o
2. Analizar las causas por las que no ingresaron y volver a intentarlo.
Reflexionemos juntos: En la vida uno cae muchas veces, el truco esta en
levantarse, analizar que pasó y volver a intentarlo.
Recuerda que cuando postules a un trabajo o tengas tu propia empresa, a nadie
le interesará si ingresaste a la primera o a la segunda o cuánto te demoraste
en ingresar. Es más, ni siquiera te preguntarán cuanto tardaste en acabar, sino
evaluarán tu desempeño académico mientras duraron tus estudios (las prácticas que
hiciste, la labor social que realizaste, los proyectos en que participaste).
De otro lado, hay estudios que verifican que no hay una relación directa entre
el “éxito” del ingreso y el egreso de la universidad. A juicio personal podría
afirmar que a veces es mejor “sufrir” un poco y que cueste el ingreso para
madurar y así valorar más el cambio que se generará. Sé que cuando te toca
pasar por esta dura prueba no pensarás lo mismo que yo; sin embargo, te pido
que tengas paciencia y asumas con valentía el compromiso para salir adelante.
Piensa que luego de atravesar esta etapa podrás incorporarte a otra mucho más
atractiva. La universidad y la vida universitaria serán una oportunidad para
volver a empezar. Si en el “cole” las cosas no salieron muy bien, en este nuevo
escenario, con nuevos profesores, estudiando las materias que más te motivan y
trabajando en desarrollar tus talentos, verás como la historia puede cambiar.
El actor (tú) en esencia será el mismo; sin embargo, tu actitud hacia la vida
hará la diferencia.
A seguir trabajando para lograr tus sueños.
Javier García Blásquez López

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