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viernes, 7 de diciembre de 2018

No sabemos si tendremos un mañana, pero si sabemos que tenemos un hoy día


Por Javier García Blásquez L.
El 7 de diciembre del 2011, tuve un accidente bastante serio (en mi vida he sido secuestrado, atropellado, encañonado, asaltado, me he chocado, he chocado, me he caído de moto, de bici, es decir, lo que le ocurre a todo el mundo).

Todo empezó con un gesto de responsabilidad, saldría a una reunión y, por seguridad y respeto a las normas, no debía manejar. Al retornar a casa luego de una extraña velada, el taxi hizo una maniobra insólita en el ovalo “Monitor”. Yo, que estaba apoyado en la puerta derecha, salí expulsado del vehículo en marcha y quedé inconsciente en mitad de la avenida Javier Prado a las 2 a.m. Todo lo que sucedió después, me lo han contado, pues quedé desmayado por el golpe. Mi amigo bajó asustado del taxi, se paró en mitad de aquella avenida para evitar un “infortunado acontecimiento” y, para suerte nuestra, (existe mucha gente buena) una señorita, que curiosamente era doctora, en un auto rojo se detuvo bloqueando la circulación por la zona en donde me encontraba tendido en el pavimento. En ese momento, el taxi huyó, la policía no se acercó, pero -gracias a la buena fortuna- los bomberos llegaron rápidamente y fui socorrido por “la bombera más linda que había visto en mi vida” palabras textuales de mi amigo, lamentablemente no la recuerdo. Lo que sucedió después fue una odisea para quienes tuvieron que luchar por mí tratando con las clínicas, los seguros y las demás trabas que te hacen odiar el sistema.

Al recuperar la conciencia, estaba en la cama de una clínica con mi familia acompañándome y yo no podía recordar lo ocurrido. Estuve ahí por unos días y, en ese tiempo, me comuniqué en diversas ocasiones por correo y Facebook. Luego de varios meses, al revisar y leer aquellas comunicaciones, advertí que no las recordaba.

La vida es corta y demasiado hermosa, está cargada de diversas emociones, aprendizajes y aventuras. Si bien se presentan situaciones que no podemos controlar, suceden muchas otras que sí podemos evitar. Vive intensamente, ama mucho, abraza fuerte, agradece, saluda, apasiónate, regala sonrisas y buenas vibras a todos.
No sabemos si tendremos un mañana, pero si sabemos que tenemos un hoy día.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Y tú, ¿eres feliz?

El día a día y la urgencia de vivir (no le digamos más sobrevivir), hace que preguntas como esta sean las últimas que deseas escuchar, pues, más relevante o importante, según tu edad o género, será enterarte sobre el futbol del fin de semana, el último culebrón de la farándula local, el mundo del cine o el próximo concierto. Son pocas las veces en que nos detenemos y dejamos de mirar hacia afuera para concentramos un instante en nosotros mismos y mirar hacia adentro. ¿Por qué no lo hacemos? Probablemente por miedo, ya que es más fácil encontrar respuestas afuera, las mismas que puedes criticar pues tal vez no puedas encontrar las respuestas que deseas adentro.
La felicidad está fuertemente bombardeada y condicionada a estímulos externos, el mundo nos obliga a comprar momentos de felicidad con la adquisición de un producto o servicio de moda, el viaje de tus sueños, el vehículo necesitado, la casa deseada, etc.  El ser humano está tan concentrado en “vivir” que necesita “comprar” felicidad y lo hace por las innumerables ofertas que el mercado te da.
¿Es eso felicidad? ¿Realmente eres feliz? Mi intención no es estimular tu depresión ni convencerte que eres infeliz, probablemente el peor insulto que existe es el ser infeliz, un ser exento de toda felicidad, sino hacerte reflexionar en buscar lo que hoy es el tema más importante para muchas organizaciones.
La empresa moderna ha dejado de concentrarse exclusivamente en los procesos y se ha dado cuenta de que el factor diferenciador de una organización con otra es el ser humano, a este increíble descubrimiento, hay que añadir que se han dado cuenta también que en la medida en que hagan “su tarea” siendo más felices los colaboradores, los resultados serán sorprendentemente mejores, tendrán menores pérdidas, mas rentabilidad, menor rotación, etc.
Es decir, el mundo moderno se ha dado cuenta que la clave del éxito organizacional es LA FELICIDAD. Las familias se han dado cuenta de que jugando, sonriendo, bailando y compartiendo, simplemente siendo felices, son emocionalmente más estables y por ende desarrollan niños felices. Las escuelas que tienen como meta, más que el cúmulo de conocimientos que igual van a aprender, el concepto de la felicidad podrán lograr el sueño que muchos no vivieron: “lograr que el niño asista feliz a clases”.
¿Es tan difícil ser feliz? No sé cuánto lo sea, yo solo sé que cada día que abro los ojos, veo lo que más amo a mi alrededor, respiro profundo y la sonrisa se instala en mí rostro, acompañándome todo el día para contagiar felicidad a todo con el que tenga el placer de cruzarme.
Y tú, ¿eres feliz?

Javier García Blásquez López