Una pregunta clásica e incómoda que se suele hacer a los niños con algún fin, a veces inocente a veces con alguna extraña intención. El resultado siempre será incierto y la creatividad de la criatura sacará muchas sonrisas y algunas preocupaciones.
Pero que ocurriría si la pregunta fuera al revés y te
preguntarán a ti, como padre ¿a quién quieres más, a tu hijo o a tu hija? De
manera natural, la respuesta socialmente aceptada es decir “mi corazón les
pertenece a ambos por igual 50/50” o cualquier variante. El padre o madre sería
condenado si expresa una preferencia por alguno de los dos.
Sin entrar en fundamentos psicológicos o filosóficos ¿es
posible querer a dos criaturas que provienen de ti por igual? Pues luego de
mucho indagar y curiosear puedo proponer una respuesta muy clara “si y no”
Me disculparán los que deseaban encontrar una única
respuesta, pero en el paso de los años me he dado cuenta que todo es relativo
en el desarrollo humano. Tan relativo y sorprendente como el conjunto de respuestas
que podríamos obtener ante hacer la
pregunta fundamental sobre a quién quieres más “a tu niño o a tu niña”
Luego de esto, volvemos a nuestra pregunta y la búsqueda de
su respuesta y no me queda más que, a partir de mi experiencia, contar la forma
en que quiero a cada uno de mis hijos de forma absolutamente igual pero
totalmente diferente.
Mi hijo tiene 7 años, es un niño coqueto tosco y juguetón,
lo trato con amor y cierta rudeza pues me veo reflejado en él, trato de ser su
ejemplo y reír de cosas “de hombres”, tenemos gustos similares y nos atraen
ciertas cosas por igual, a pesar de sus cortos años veo en él un hombrecito en
crecimiento (ojo, no un hombre pequeño pues es un niño) al que podría resondrar
en caso se porte mal. Lo amo con todo mi corazón y fue el causante de que fuera
padre por primera vez.
Al leer estas líneas uno presupone que tengo preferencia por
mi hija a lo que puedo decir que el amor no está dividido 50 / 50, está
dividido 100 / 100 y es íntegro y total a cada uno de ellos con diferentes
formas, con diferentes matices y con diferentes emociones.
El tener hijos no es una obligación, te cambia la vida y no
te la hace más fácil, te la hace más difícil y dura, más sacrificios, dejar de
hacer cosas que hacías antes, sin embargo si tienes la madurez suficiente, es
una etapa que te brinda Dios para poder disfrutar de forma increíble el
desarrollo de personitas únicas que tienen el 100% de tu cariño,
independientemente de la cantidad de hijos que tengas, todos y cada uno de
ellos con su singularidad y sus ocurrencias tendrá todo, todo tu amor.
Ama a tus hijos, no tras de una ventana, ama a tus hijos y
dales tu calor las 24 horas del día, los 7 días de la semana los 365 días del
año
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