Tal cual como le ocurrió a mi
hijo, a muchos de nosotros nos pasa a diario cuando nos “pintamos la cara” de
nuestro héroe favorito y actuamos como el, en este caso no es (necesariamente)
de la ficción, sino que evocamos a alguien que nos ha servido de ejemplo o de
paradigma y en ese accionar podemos hacer cosas con más seguridad pues tenemos a
alguien que nos inspira, un ejemplo o modelo que nos motiva a ser mejores. Ojo,
tener a alguien de inspiración no es dejar de ser auténtico, es buscar fuerzas
externas para robustecer nuestro accionar.
Todos necesitamos héroes, súper héroes,
líderes, es decir de alguien que con su trayectoria nos inspire seguir, emular.
Alguien que nos dé esperanza de mirar hacia adelante, alguien que siendo humano
(o de la ficción) haga que lo grande parezca pequeño y que lo imposible se
vuelva posible.
