jueves, 31 de enero de 2013

Todos necesitamos héroes

Por: Javier García Blásquez López

Hace algunos días, mi hijo y yo estábamos en un parque y en él se encontraba una señora “pinta caritas”. Como a mi hijo ese tipo de cosas no le llaman la atención yo no le tomé importancia, sin embargo súbitamente me dijo “papa quiero pintarme la cara de spiderman” (ojo, en inglés). Me pareció gracioso y por 5 soles le pintaron la cara del hombre araña. Luego de ver la “obra de arte” en el espejo, algo se apoderó de él, fue más seguro e intrépido, se trepaba por todo lado, corrió, gritó, etc … en resumen la pasó increíble.
Tal cual como le ocurrió a mi hijo, a muchos de nosotros nos pasa a diario cuando nos “pintamos la cara” de nuestro héroe favorito y actuamos como el, en este caso no es (necesariamente) de la ficción, sino que evocamos a alguien que nos ha servido de ejemplo o de paradigma y en ese accionar podemos hacer cosas con más seguridad pues tenemos a alguien que nos inspira, un ejemplo o modelo que nos motiva a ser mejores. Ojo, tener a alguien de inspiración no es dejar de ser auténtico, es buscar fuerzas externas para robustecer nuestro accionar.
Todos necesitamos héroes, súper héroes, líderes, es decir de alguien que con su trayectoria nos inspire seguir, emular. Alguien que nos dé esperanza de mirar hacia adelante, alguien que siendo humano (o de la ficción) haga que lo grande parezca pequeño y que lo imposible se vuelva posible.

domingo, 13 de enero de 2013

¿Me enseñas a soltar tú mano?

Por: Javier García Blásquez López

Hace unos días estaba en la playa tranquilo y relajado cuando mi pequeña hija se me acercó y me dijo que quería ir al agua. Le dije que lo hiciera que la vería desde la orilla, al instante volvió y me dijo que le picaban los pies. Mientras me acercaba a la orilla me percaté que las conchitas y restos de “Muy Muy” que el mar expulsa habían formado una barrera que una pequeña niña de 3 años no podía superar. Con mi capa de súper papá entré en acción y la cargué para que venciera el obstáculo. A los pocos minutos me pidió que la cargara de nuevo para salir. Entonces decidí “hacerle un caminito” y asunto arreglado, había solucionado el problema, por ese día.
Al día siguiente, mi hija exigía que le “abriera el camino”, cuando estaba a punto de volver a sentirme indispensable la observé y entendí que ella tenía todas la condiciones para hacerlo y que lo mejor era enseñarle a ser libre. Le enseñé a “hacer el camino” y luego de eso mi capa de súper hombre voló por los aires mientras observaba a mi pequeña, que con la autonomía propia del aprendizaje logrado, se movilizaba con seguridad y mucha habilidad. Mi hija me enseñó a soltar su mano.
¿Cuántas veces en la vida, por temor a que no nos necesiten, postergamos el enseñar y formar a nuestra gente?