El día a día y la urgencia de vivir (no le digamos más
sobrevivir), hace que preguntas como esta sean las últimas que deseas escuchar,
pues, más relevante o importante, según tu edad o género, será enterarte sobre
el futbol del fin de semana, el último culebrón de la farándula local, el mundo
del cine o el próximo concierto. Son pocas las veces en que nos detenemos y
dejamos de mirar hacia afuera para concentramos un instante en nosotros mismos
y mirar hacia adentro. ¿Por qué no lo hacemos? Probablemente por miedo, ya que
es más fácil encontrar respuestas afuera, las mismas que puedes criticar pues
tal vez no puedas encontrar las respuestas que deseas adentro.
La felicidad está fuertemente bombardeada y condicionada a
estímulos externos, el mundo nos obliga a comprar momentos de felicidad con la
adquisición de un producto o servicio de moda, el viaje de tus sueños, el
vehículo necesitado, la casa deseada, etc.
El ser humano está tan concentrado en “vivir” que necesita “comprar”
felicidad y lo hace por las innumerables ofertas que el mercado te da.
¿Es eso felicidad? ¿Realmente eres feliz? Mi intención no es
estimular tu depresión ni convencerte que eres infeliz, probablemente el peor
insulto que existe es el ser infeliz, un ser exento de toda felicidad, sino
hacerte reflexionar en buscar lo que hoy es el tema más importante para muchas
organizaciones.
La empresa moderna ha dejado de concentrarse exclusivamente
en los procesos y se ha dado cuenta de que el factor diferenciador de una
organización con otra es el ser humano, a este increíble descubrimiento, hay
que añadir que se han dado cuenta también que en la medida en que hagan “su
tarea” siendo más felices los colaboradores, los resultados serán
sorprendentemente mejores, tendrán menores pérdidas, mas rentabilidad, menor
rotación, etc.
Es decir, el mundo moderno se ha dado cuenta que la clave
del éxito organizacional es LA FELICIDAD. Las familias se han dado cuenta de
que jugando, sonriendo, bailando y compartiendo, simplemente siendo felices,
son emocionalmente más estables y por ende desarrollan niños felices. Las
escuelas que tienen como meta, más que el cúmulo de conocimientos que igual van
a aprender, el concepto de la felicidad podrán lograr el sueño que muchos no
vivieron: “lograr que el niño asista feliz a clases”.
¿Es tan difícil ser feliz? No sé cuánto lo sea, yo solo sé
que cada día que abro los ojos, veo lo que más amo a mi alrededor, respiro
profundo y la sonrisa se instala en mí rostro, acompañándome todo el día para
contagiar felicidad a todo con el que tenga el placer de cruzarme.
Javier García Blásquez López