Por Javier García - Blásquez López
Hace algunos
años, hablar de reciclaje era visto como una moda, inclusive algunos grupos lo
tomaron como una opción de negocio. Hoy en día ya no es una opción, es una
obligación, pues está estrechamente ligado a nuestra responsabilidad con el
medio ambiente.
Cada día la
producción de residuos en las diferentes urbes va en aumento, la capacidad para
manejar esos desperdicios es un dolor de cabeza para la mayoría de gobernantes
de turno; sin embargo, en los países más desarrollados se ha llegado a
incorporar en los hábitos de la gente “la cultura del reciclaje”.
La pregunta
natural es ¿por qué si se sabe que la producción de desperdicios es exponencial
y la tierra tiene una capacidad finita no se hace nada al respecto?, si bien se
podrían barajar muchas respuestas, la más natural y básica radica en que aún no
se sienten los impactos de esta producción y el mal manejo, de forma agresiva;
sin embargo, el tiempo es breve y las consecuencias serán nefastas.
Hoy en día
podemos ver en diferentes películas, inclusive para niños (Wall- E), la
propuesta de lo que ocurrirá si no tomamos cartas en el asunto. En el medio del
océano se han formado islas de materiales que tardarán cientos de años en
degradarse. También, se ha mencionado, en diversos medios, que el 90% de los
residuos que eliminamos son reciclables.
Entonces, ¿por
qué no reciclamos?, pues porque estamos acostumbrados a que “otro” lo haga por
nosotros, que “otro” se encargue de resolver el problema. Esta mala costumbre,
que proviene de años en nuestra cultura, debe ser modificada y para acostumbrar
a nuestros niños a tener una cultura de reciclaje como modo de vida. Separar
los residuos de acuerdo a las normas específicas, no usar más de lo que se
necesita, proteger el agua y reusarla si estamos en capacidad de hacerlo.
Sería realmente grandioso si logramos en nuestro
país separar los componentes orgánicos y producir con ello nutrientes caseros
para nuestras plantas, sería increíble si en lugar de invertir en tecnología
“decorativa” invirtiéramos en un ciclo doble para el reúso del agua en nuestro
hogar, sería el futuro ideal si desde la escuela logramos entender que el
reciclaje no es una opción sino una obligación.

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