martes, 4 de diciembre de 2012

¡MALDITO CAMIÓN!


Por: Javier García Blásquez López

Manejaba “tranquilo” (es complicado menguar al piloto frustrado de racing) por las calles de Lima y llevaba a mis hijos pequeños a la casa de su abuela. Era un día como cualquier otro, cuando de pronto un ¡MALDITO CAMIÓN! volteó bruscamente y me obligó a realizar una maniobra temeraria para evitar una tragedia. En una fracción de segundo pude verificar que todo estaba “Ok” dentro del auto, como es natural, la furia empezó a poseerme y todo el vocabulario guardado “bajo 7 llaves” amenazaba con salir.
Hice una maniobra para “ADELANTAR” al camión y para suerte mía, con el rabillo del ojo, vi las caras de mis dos pequeños, si bien no había emitido palabrota alguna, el mal humor que debía brotar por mis poros estaba cargando el ambiente.
La luz del señor (gracias a Dios que no fue el de las tinieblas) me iluminó y me contuve, no emití palabra alguna contra el conductor y comenté a los pequeños que ese “señor” había hecho algo que estaba mal y que debíamos decírselo al policía para que él le llame la atención. A mis hijos les pareció lo correcto y cuadras mas allá, al “no ver policía” quedamos en que lo que se debe hacer en esos casos es dejar las cosas en manos de la policía.
Pasaron las horas y luego de realizar diversas actividades, escuchar “Radio Ritmo Romántica”, por ejemplo, me encontraba muy calmado y hasta había olvidado el incidente. Fue en la noche cuando recogí a mis hijos de la casa de su abuela. En el auto ahora estaba mi esposa (ella no tenía idea del incidente de la tarde), los pequeños y yo. Empezamos a hablar del día como una familia común y corriente y en ese instante recibo la lección más importante de mi vida. Mis dos hijos, uno de 4 y la otra de 2 años, le cuentan a su mamá que casi se chocan, que un “señor” del camión “manejo mal” y “papá frenó”, “buscamos al policía y no estaba”.
El auto se hizo silencio, mi esposa no sabía que había ocurrido y yo agradecía a todos los santos el instante de lucidez que me había dado. El micro segundo de control que tuve evitó que ellos se lleven una lección de majadería y brutalidad, más bien, se llevaron una lección de ciudadanía, autocontrol  y respeto.
El impacto que podemos tener en los “pequeños” o personas que lideramos es 24 X 7 *, seamos responsables y concentrémonos en hacer las cosas bien, todo el tiempo.

*24 horas al día, los 7 días de la semana.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que linda leccion! se lo voy a pasar a mi mama. Cultura profética es un grupo bien chevere para relajarse porsiaca