Por MBA Javier García Blásquez López
En medio de un conversatorio sobre innovación social en alguna región de nuestro hermoso país, a manera de retar al auditorio, realizo la pregunta “¿el peruano es creativo?” Al unísono y sonriendo escucho un “sí” fuerte y sostenido. Algunas personas giran sus rostros y se generan varios contactos visuales entre la audiencia, afirmando y saludando su creatividad.
En medio de un conversatorio sobre innovación social en alguna región de nuestro hermoso país, a manera de retar al auditorio, realizo la pregunta “¿el peruano es creativo?” Al unísono y sonriendo escucho un “sí” fuerte y sostenido. Algunas personas giran sus rostros y se generan varios contactos visuales entre la audiencia, afirmando y saludando su creatividad.
Luego de esa algarabía, efectúo otra pregunta ¿el peruano promedio es
recursero o innovador?”, con caras cómplices y, nuevamente, casi al unísono escucho
“recursero”.
Es sumamente interesante esta experiencia, pues esta pregunta la he realizado
en doce regiones diferentes del Perú y la respuesta fue siempre la misma o alguna
muy similar. El peruano promedio siente o percibe que somos más recurseros que
innovadores.
La gran interrogante que surge es ¿por qué se genera esa percepción?
De acuerdo a la teoría, la innovación, si bien tiene muchas definiciones
y variantes según el rubro en el que se trabaje, podemos resumirla en que es la
suma de creatividad + oportunidad + implementación de la cual se obtiene la
creación de valor, es decir, innovar es crear valor. Por otro lado, el “ser
recursero” se entiende en el argot popular como aquella capacidad para salir
creativamente y con el mínimo esfuerzo de algún problema (apaga incendios).
Es así que uno de los grandes problemas en nuestro país es que estamos
mal acostumbrados a las políticas “apaga incendios”, las mismas que
extrapolamos a cualquier actividad de nuestra vida (laboral, personal,
académica, etc.). Creemos que realizar algo rápido y con el menor esfuerzo es
la manera perfecta de solucionar un problema eficientemente. Sin embargo, con
ello, solo estamos postergando la solución real e ideal al problema que
enfrentamos.
No estamos acostumbrados a analizar, estudiar, prototipar, probar,
ensayar y luego ir evaluando la mejora, pues sentimos que este es un proceso
tedioso y que termina por agotar. No obstante, son estos los mecanismos necesarios para generar
la innovación. La ejecución de ellos es lo que caracteriza a las sociedades
desarrolladas de las que seguimos dando vueltas en salir más rápido del
problema que de la raíz del mismo.
Esta creatividad peruana nos convierte en expertos “apaga incendios”, característica
que no es negativa, pero que nos ha reducido la posibilidad de “tomarnos una
pausa” y buscar soluciones trascendentales a los diferentes problemas que nos
afectan.
Coordino el programa Protagonistas del Cambio de la UPC, el cual busca
jóvenes emprendedores sociales en todo el Perú desde el año 2011 y tiene por
objetivo visibilizarlos y acompañarlos en su crecimiento y escalamiento como
emprendedores sociales. Es asombroso como cientos de jóvenes están involucrándose
con la problemática nacional y, sobre todo, como están tomando acción para
transformar la realidad que los afecta tanto a ellos como a sus comunidades.
A pesar de ello, todavía son muy pocos los que se animan a innovar en
sus proyectos, pues esto requiere una inversión no solo de dinero, sino también
de tiempo, estudio, horas de prueba y error. Es más fácil y sencillo, sin
menospreciar el impacto, seguir un modelo ya establecido.
Sin embargo, el panorama país no es tan caótico y mucho menos
desmotivador en la innovación social. En todos los años que llevamos recorriendo
el país, hemos sido testigos de la evolución que se está produciendo. Antes,
solo se encontraban programas de corte filantrópico, asistencialista, proteccionista
y apoyo voluntario, que presentaban dificultades de sostenibilidad financiera y
una alta resistencia para abandonar el propósito que los impulsó a emprender.
Ante esta situación, varios programas debieron pivotear (cambiar las
estrategias de negocios sin perder el propósito que las motivo a ser) y
encaminarse en una búsqueda de modelo de negocio que les permitiera la
sostenibilidad financiera. Una vez obtenida esta sostenibilidad y a base de
creatividad, oportunidad (momento oportuno de ejecutarla) y una dura
implementación (todos los estudios y pruebas necesarios), se encaminan a la
innovación.
Si bien varios de estos modelos los podemos encontrar en Lima o en ciudades
con más acceso a la información, también podemos hallar organizaciones que
están innovando en diferentes grados y que están poniendo en práctica sus
conocimientos adquiridos (ancestrales y nuevos), así como tecnologías ad hoc para sacar adelante sus proyectos
en todas las regiones.
Algunos emprendimientos regionales en donde hemos identificado marcados
rasgos innovadores son Causa en Tacna , Creadoras en Arequipa, Runafoto en La Libertad,
Biovida en Cajamarca, Tingana en San Martín, Identilectores en Junín, CREA en Loreto,
Casa Museo en Ayacucho, Shiwi en Madre de Dios, Gutnius en Cusco y Misión
Sonrisas Narices Verdes en Puno. Después de Lima, la región con mayor cantidad
de emprendimientos con marcados rasgos de innovación es Arequipa.
Desde Protagonistas del Cambio, entendemos claramente que hay una fuerte
necesidad de conocimientos académicos y hemos asumido el reto de brindarlos. Los
emprendedores sociales, aquellos que se han movilizado y están trabajando para
transformar nuestro país en el que queremos y nos merecemos, necesitan desarrollar
habilidades duras y blandas (hard y soft skills) para obtener la posibilidad
de innovar con un maletín de herramientas capaces de apoyar su idea de negocio
con impacto social.
Es conocido en los ambientes académicos que las grandes naciones y las
más poderosas están arriba en los índices de innovación, ya que esta es el
elemento que brinda bases sólidas para el desarrollo de los pueblos. Desde
nuestro espacio, es hermoso ver que los emprendimientos sociales, al ser
innovadores, generan una cultura de cambio total en sus comunidades y se están
convirtiendo en movimientos que inspiran a jóvenes a seguir esa senda de
desarrollo. Es decir, además de generar una transformación en la sociedad,
están logrando inspirar a nuevas generaciones de emprendedores.
Luego de esta breve reflexión, debemos entender que la capacidad “pícara”
de resolver problemas con poco esfuerzo es saludable para problemas menores,
pero ello no genera cambios estructurales ni sistémicos. Para alcanzar estos
cambios y trascender, debemos ir más allá, exigirnos y correr esa milla extra
que nos permita incorporar conocimiento nuevo para lograr un cambio sostenible,
diferente, que realmente agregue valor y que se ajuste a los cambios. Pero
siempre dando un paso adelante, ya que solo así estaremos agregando valor a
nuestra comunidad, a nuestra sociedad a nuestro país, es decir, estaremos
innovando.