Cuando hablamos de pasión, es muy usual ponernos a pensar en
términos “románticos”, relaciones de pareja o tal vez en algún equipo de futbol
o deporte extremo. Difícilmente lo introducimos como una variable a sentir en
el día a día y menos aún en el ambiente de estudio o de trabajo.
Sin embargo, en este proceso de cambio, la pasión se ha
convertido en el elemento que marca la diferencia, en el que genera la
transformación, en lo que rompe el status quo y nos orienta a alcanzar límites
insospechados.
Es muy usual, y casi trillado, usar el término de
“liderazgo” (término que es moderno y que toda institución usa para renombrar a
sus alumnos y/o personal) pero, ¿qué sabemos de liderazgo? La gran mayoría lo
atribuye a una condición de jefatura (nuestro cerebro primitivo trata de
acomodar este nuevo concepto a uno antiguo y conocido). El liderazgo no es otra
cosa que la acción de poder influenciar positivamente en un grupo humano y
motivarlo a desarrollar una visión compartida, etilos, muchos, pero en fácil es
eso. Por lo tanto, debemos buscar que el liderazgo se inicie en cada persona
para poder desarrollarse como ser humano.
Otro término muy usado en estos tiempos es el de
“innovación”, en lenguaje sencillo es lograr concretar lo que en algún momento
fue una idea o sueño; es decir, materializar un proyecto. En ese contexto,
muchas organizaciones se jactan de llamarse innovadoras. ¿De qué? sería la
pregunta natural si en muchos casos ni siquiera fomentan la creatividad (la
materialización de la creatividad vendría a ser la innovación). Adicionalmente,
el concepto de innovación genera celos y rivalidades, pues si uno es innovador,
el otro no lo es o en todo caso sería un copión.
Aún positivizando y uniendo estos conceptos, es decir,
siendo líder e innovador, la ecuación estaría incompleta, pues falta lo más
importante: LA PASIÓN. (LIP: Liderazgo, Innovación y Pasión)*. La pasión es el
motor fuera de borda, es la energía interior que te hace trascender, lograr
convertir lo cotidiano en maravilloso y valorar al humano, como humano.
En un mundo competitivo, bastante impersonal e inhumano que
reciben los jóvenes, el componente de pasión marcará el cambio en la dirección
del actuar. A partir de ahí se podrá empezar a construir el fin de todo ser
humano: LA FELICIDAD.
Tema que trataremos en nuestra próxima nota.
Javier
García Blásquez López
*lessons
for a chief marketing officer
